“NO SOY LA MISMA”: MATERNIDAD Y CEREBRO
Después de haber analizado la neurobiología del apego del bebé-mamá, en esta entrada estudiamos la relación entre maternidad y cerebro. Qué cambios se producen en el cerebro de las madres durante el embarazo, parto y puerperio y qué implicaciones tiene para el desarrollo del vínculo y cuidado del bebé.
Muchas madres afirman que no son la misma persona que antes de ser madre. Curiosamente parece haber evidencia científica que respalda esta afirmación.
cambios por fuera y por dentro
El embarazo además de modificar nuestra apariencia, produce cambios duraderos en el cerebro de quienes hemos sido madres. Estos cambios tienen un papel crucial en el desarrollo de la conducta de apego de la madre hacia el bebé.
¡Menos es más!
Se ha demostrado1 una reducción del volumen de materia gris en las regiones implicadas en la cognición social (línea media cortical anterior y posterior, corteza prefrontal y temporal). Esta reducción del volumen de sustancia gris nos puede hacer pensar que se pueda dar una pérdida de capacidades. ¡Nada más lejos de la realidad! Lo que ocurre es que se produce una poda en las conexiones neuronales, haciendo que las mamás optimicen determinadas funciones como interpretar los estados mentales del bebé o anticipar posibles amenazas en el entorno.
Otros estudios encuentran cambios en otras áreas:
Áreas que participan en la recompensa y motivación (Vía mesocorticolímbica y dos áreas claves, núcleo accumbens y corteza prefrontal): Al activarse estas vías en los primeros contactos entre bebé y mamá hacemos más probable que esta interacción resulte placentera. Así resulta muy importante que estos contactos sean agradables y tranquilos procurando minimizar los momentos de dificultad y estrés.
Áreas que participan en la regulación de las emociones (corteza prefrontal y corteza cingulada anterior): estas áreas se activan durante las interacciones con el bebé, especialmente cuando se muestran angustiados. Los cambios en estas áreas ayudan a que las madres perciban adecuadamente las emociones del niño y a la vez puedan manejar mejor sus propias emociones.
Áreas que participan en la empatía materna (corteza cingulada anterior): se activan cuando somos nosotros los que experimentamos dolor pero también cuando es un ser querido el que lo está experimentando.
Áreas que participan en las funciones ejecutivas (corteza prefrontal): están involucradas en la atención, control, memoria y flexibilidad para cambiar de tarea. En un momento como la reciente maternidad, resulta especialmente importante que las madres sean capaces de estar atentas a las necesidades del bebé. Descifrar por qué están llorando e intentar consolarlos resolviendo la incomodidad que presenten. Adelantarse a los posibles acontecimientos que surjan, tener preparados pañales, ropa de cambio, comida, etc cuando se sale de casa. Recordar cuándo fue la última toma o cuándo durmió por última vez.
Todos estos cambios nos dan una pista de cómo el cerebro materno se adapta para el cuidado del bebé. Se produce una retroalimentación entre la biología y la experiencia. Las experiencias que tenemos modifican nuestro cerebro y estas modificaciones hacen que experimentemos de diferente manera.
Además…
Cuestiones como el método de nacimiento (parto vaginal medicalizado o no, cesárea), cómo se alimente al bebé (lactancia materna o alimentación con fórmula) o la cantidad de contacto entre mamá y bebé influyen en la segregación de endorfinas y hormonas repercutiendo en los circuitos cerebrales mencionados y consecuentemente en la generación del vínculo de apego.
Referencias:
1 Hoekzema, E., E. Barba-Muller, et al. (2017). “Pregnancy leads to long-lasting changes in human brain structure.” Nat Neurosci 20(2): 287-296.
Bibliografía:
Assis Duart, María Amparo (2017) Neurobiología del apego. Formación en lactancia materna. UNED