¡NO ME DEJES LLORAR!
En más de una ocasión he escuchado que hay que dejar llorar a los niños. Para ello dan toda clase de razones. Todas ellas lejos de lo que la evidencia científica nos dice. En esta entrada nos centraremos especialmente en el llanto de los niños más pequeños.
Cuando alguna mamá o papá recién estrenado comenta que le han dicho que deje llorar a su pequeño puede resultar útil preguntarse, ¿qué sientes tú cuando tu pequeño llora y no le atiendes? ¿Qué te dice tu instinto que debes hacer? En muchas ocasiones la respuesta es muy parecida, “me siento fatal, no puedo soportarlo”, “sólo tengo ganas de ir a abrazarlo”. No es una casualidad que el llanto sea como es, molesto al oído humano, pretende estimular que ocurra una respuesta.
Aunque cuando nacen los bebés parecen tan perfectamente terminados, su cerebro aún es un órgano en desarrollo. Los bebés reaccionan rápidamente frente al malestar con una de las herramientas que tienen, el llanto. Es un mecanismo de supervivencia. Cuando el bebé llora el adulto ha de acudir en su ayuda.
La difícil tarea de descifrar el llanto del bebé
Es normal sentirnos desbordados en alguna ocasión cuando nuestros bebés lloran. Los primeros meses, especialmente, son de una exigencia máxima, estamos cansados y los bebés no tienen la capacidad de explicarnos qué necesitan. ¿Tendrá hambre, sueño, estará molesto, le dolerá algo, será el frío, el calor? Los papás realizamos todo tipo de conductas para intentar calmarlos. Ellos aún no poseen la capacidad de autorregularse, por lo que será el adulto que lo cuide quien debe intentar minimizar ese malestar. En muchas ocasiones no sabemos claramente qué les pasa, pero lo que sí nos damos cuenta es que en cuanto los cogemos en brazos ¡los males parecen ser menos males! Y aquí es donde viene el comentario: “no le cojas tanto que se va a acostumbrar, déjale llorar que no pasa nada”.
Sin ninguna duda en la prehistoria ningún padre se planteaba dejar llorando a su hijo a ver si se iba a mal acostumbrar. Lo más probable es que el llanto de ese bebé al que no respondieran fuera tremendamente apetecible para algún depredador.
Lo que la evidencia científica nos dice…
Diversos estudios (1,2,3,4,5,6) relacionan el llanto desatendido de los bebés con efectos a corto y largo plazo. Encuentran incrementos de la frecuencia cardiaca y la presión arterial, peor oxigenación de la sangre, mayores molestias intestinales relacionadas con tragar aire al llorar, aumento de los niveles de cortisol indicando presencia de estrés psicológico y actuando como inmunosupresor (siendo más vulnerable a sufrir infecciones) además del impacto sobre el desarrollo del sistema de apego.
Podemos estar tranquilos, no tenemos que acertar siempre
Parece ser que el “simple” hecho de intentar responder a sus demandas, aunque no acertemos con qué les pasa, es de por sí reconfortante. El sistema de respuesta al estrés ya se está desarrollando en esos primeros momentos. Respondiendo a su llanto ayudamos a que su cerebro se desarrolle adecuadamente y a que posteriormente sean adultos con una mayor capacidad para hacer frente el estrés.
Por todo ello, resulta imprescindible observar a nuestros pequeños para poder llegar a conocerles y aprender a responder adecuadamente a sus necesidades. Sin olvidar que un bebé de pocos meses en ningún momento posee capacidad para manipularnos.
Respondiendo a sus necesidades no solo no les malcriaremos, sino que ayudaremos a que aprenda a confiar en que estaremos con él para lo que necesite, siendo esto una de las bases para el desarrollo de un apego seguro.
Cuando un niño deja de llorar después de no haber sido atendido durante largo tiempo, no lo hace porque haya aprendido a autorregularse, sino porque ha aprendido que aunque llore nadie acudirá en su ayuda.
Si quieres saber más sobre el tema:
- Barr RG, St. James-Roberts I, and Keefe M. 2001. Johnson & Johnson Pediatric Round Table Scientific Conference: New Evidence on Unexplained Early Infant Crying: Its Origin, Nature, and Management. Skillman, New Jersey: Johnson & Johnson Pediatric Institute.
- Bell SM, and Ainsworth MD. 1972. Infant crying and maternal responsiveness. Child Development 43(4): 1171–1190.
- Commons, Michael Lamport, PhD, and Miller, Patrice Marie, PhD, Emotional Learning in Infants: A Cross-Cultural Examination, Harvard Medical School and Salem State College, Paper presented at theAmerican Association for the Advancement of Science, Philadelphia, PA, February,1998.
- Connelly KP, Shropshire LC, and Salzberg A. 1992. Gastric rupture associated with prolonged crying in a newborn undergoing circumcision. Clinical Pediatrics 31(9): 560–561.
- Dinwiddie R, et al. 1979. Cardiopulmonary changes in the crying neonate. Pediatric Research 13(8): 900–903.
- Gunnar M, Quevedo K. The neurobiology of stress and development. Annual Reviews of Psychology 2007; 58: 145-73.